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lunes, 23 de agosto de 2010

Para olvidarse del mundo, nada como Huatulco

19 y 20 de agosto


 Huatulco es uno de esos lugares a los que vas a olvidarte del mundo dejando que las olas del mar se lleven todas tus preocupaciones; o al menos esa es la parte que a mí me tocó conocer, pues en esta ocasión nos quedamos en el hotel Barceló. Este hotel, al igual que muchos en Huatulco, ofrece el servicio todo incluído, el cual invita a quedarte la mayor parte del tiempo dentro de sus instalaciones y su playa para relajarte y consentirte. Cuatro restaurantes, un bar, un lobby bar con música en vivo, un teatro con espectáculo todas las noches, canchas de tennis, gimnasio, deportes acuáticos en el mar, dos albercas con actividades todo el tiempo y muchas cosas más por descubrir son motivos suficientes para no querer salir de ahí por un buen rato. 
Sin embargo, como nosotros sólo estaríamos un día y medio en este puerto de Oaxaca, definitivamente teníamos que hacer algo más que sólo estar en el hotel, así decidimos tomar un tour en cuatrimoto por la selva y las bahías. 
El recorrido una gran aventura que te permite introducirte en el corazón de la selva y sentirte alejado de la urbe. Primero manejar entre pantanos, riachuelos, miles de plantas, mariposas y aves silvestres hasta llegar a la Bahía de Cacaluta, una hermosa playa donde se grabaron varias escenas de “Y tú mamá también” (realmente un sitio encantador), luego continuar por la selva hasta concluir en Bahía del Maguey, donde puedes meterte al mar y tomar una rica cerveza en un ambiente de hamacas y palapas. El tour cuesta 400 pesos por persona, dura 4 horas y puedes tomarlo en el mismo hotel; vale la pena. Recomendación: lleva unos tenis o zapatos no muy nuevos, pues seguramente terminarán bañados en lodo.
  Bahía Cacaluta

Bahía del Maguey

Después de la aventura regresamos al hotel a grabar algunas tomas para el programa y a disfrutar del servicio todo incluido. Por la noche tuvimos que dejar el paraíso para tomar un camión que nos llevaría a Oaxaca (7 horas de camino), para el día siguiente por la mañana volar de regreso a Tijuana.

viernes, 20 de agosto de 2010

Oaxaca parte 2: Zicatela

18 de agosto


Salimos muy temprano de la ciudad de Oaxaca rumbo a la costa. De la capital a Puerto Escondido se hacen 6 horas en transporte colectivo. El camino, a pesar de ser largo y provocar mareos, es digno de observarse desde la ventana del auto. El paisaje verde de la sierra es todo un espectáculo, y más aún si traes unos audífonos con el soundtrack adecuado.


Después de un extenso recorrido llegamos al puerto y un taxi nos llevó a Zicatela, un playa principalmente para surfistas. Dicho lugar recibe turistas de todo el mundo que buscan buenas olas; así que el ambiente es relajado, cómodo y hasta "hippie". De hecho vimos pasar un combi pintada con corazones y signos de "peace and love".


Encontramos un hotel modesto y cómodo frente a la playa e inmediatamente dejamos nuestras maletas en la habitación y nos fuimos a nadar al mar. ¡Las olas estaban muy fuertes! Ahora entiendo por qué a los surfistas les gusta tanto Puerto Escondido.

Nos fuimos a cenar hamburguesas (había de tofu y de soya para los surfers vegetarianos) y luego a dormir, pues nuestro siguiente destino era Huatulco y para llegar a tiempo había que abandonar muy temprano esta playa llena de paz.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Oaxaca parte 1: Capital

16 y 17 de agosto

¡Bienvenidos a la ciudad de Oaxaca! dijo el capitán. Me bajé del avión muy emocionado, a lo que sería mi primera vez en este lugar. Al salir del aeropuerto tomamos un taxi colectivo que nos llevó al centro por 7 pesos, donde inmediatamente encontramos un hostal perfecto detrás de la catedral llamado: Hostel Alcalá. (100% recomendable)

Como llegamos tarde y había trabajo por hacer, decidimos pasar un rato en el cuarto y salir a caminar por la noche. No batallamos para encontrar un buen lugar para cenar, pues si algo abunda en Oaxaca son restaurantes ricos y baratos. “Una tlayuda con quesillo para mí” le dije a la señora del puesto que enseguida puso sobre mi mesa una tortilla de maíz gigante doblada por la mitad, rellena de frijol, salsa y quesillo. Sólo pude comerme la mitad ¿Habrá sido por el esquite y la gelatina de chocolate que nos comimos unos minutos antes? Con la barriga llena nos fuimos a dormir. 


El día siguiente amaneció iluminado y lleno de vida, así que aprovechamos la energía para bajar a tomar el desayuno (incluido en el hostel) y después me fui solo a caminar. Tomé el andador Macedonio Alcalá, una excelente calle para iniciar la caminata diurna. Lo primero que hice fue buscar un buen café oaxaqueño ¡y lo encontré! era un café ácido, fresco, fuerte y audaz, (adjetivos que van perfectamente con mi personalidad, ¡ajá!)


Durante mi recorrido por dicho pasaje fui curioseando entre galerías, librerías, tiendas de artesanías y talleres de arte textil, de hecho en uno me tocó ver que estaban tejiendo.


Casi al final del pasaje se llega a una de las iglesias más características de Oaxaca, el Templo de Santo Domingo. De fachada renacentista, esta edificación albergaba un cuartel militar en épocas de la independencia, ahora es un jardín etnobotánico al cual sólo se puede entrar con un recorrido guiado que cuesta 50 pesos. Yo no quise entrar, pero después me dijeron que hubiera valido la pena. Cuando regrese, seguro entraré. También me encontré con la casa que dio alojo a Benito Juárez durante 10 años ¡bonita casa la del benemérito! ¿no creen?


Lo que me gustó visualmente de la ciudad, es que las fachadas se alternan entre el estilo barroco y los colores vivos; pienso que es una buena combinación de presencias entre la cultura indígena y la europea. Luego de mi caminata solitaria regresé con mi compañero para ir por algo de comer y grabar algunas tomas para su programa. Lamentablemente tuvimos que dejar la comida típica para después, pues el antojo de pizza arrasó con nosotros; aunque bueno, el postre sí fue muy regional:

 ¡Jicaleta! (got it? jícama + paleta)

Después, en nuestro camino por la alameda, frente a la catedral, nos encontramos a la verdadera Doña Lucha. Me arrepiento de no haberle pedido su autógrafo.


Nuestro siguiente plan era ir a Monte Albán, pero tuvimos que quedarnos con las ganas esta vez, pues todas las salidas de la ciudad estaban bloqueadas unos grupos manifestantes.
Luego nos cayó la lluvia así que aprovechamos para ir de compras. Oaxaca es un gran productor de mole y chocolate, y por toda la ciudad se pueden encontrar lugares donde probarlos y comprarlos. La tienda más popular se llama “El mayordomo” (tienen varios locales por todo el centro). Normalmente te dan a probar 3 tipos de chocolate (amargo, semiamargo y dulce) y 2 tipos de mole (negro y rojo) ¡Todos son buenísimos! Los venden por kilo, pero si quieres llevar poquito puedes comprar ¼ de kilo y te sale a 20 pesos.


Ya que se calmó la lluvia seguimos caminando un poco más hasta que se hizo de noche. Ver el contraste de la oscuridad con la iluminación de los templos y edificios antiguos de la ciudad es bellísimo, como es el caso del Teatro Macedonio Alcalá.


Como la pizza no había sido suficiente, decidimos irnos a cenar al mercado 20 de noviembre, definitivamente el mejor lugar para probar la verdadera y auténtica comida Oaxaqueña. En serio, cuando vengan no vayan a comer a otro lado, vayan directamente al también conocido como Mercado de la comida. Yo por ser vegetariano, me comí unas enchiladas de quesillo con mole ¡Deliciosas! Y Alex comió algo también muy tradicional llamado Tasajo, que es un pedazo de carne de res asada.


Con esta cena y una charla con el dueño del puesto donde comimos concluyó nuestra estancia en la capital del estado. Al día siguiente partiríamos a las costas de Oaxaca y como el camino es largo cansado, debíamos dormir bien.